Apagón en el faro

 

Apagón en el faro
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Reflexion

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Apagón en el faro
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Reflexion

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Siempre que alguien nos menciona la palabra 'faro', lo primero que nos viene a la mente es una luz en medio de la oscuridad absoluta, que nos sirve de guía para orientarnos aun a través de la más densa niebla. Los barcos se romperían contra las costas en muchas ocasiones si el faro no les diera el sentido de orientación que necesitan.

 

Pero, ¿qué sucedería si se produjese un apagón en el faro? Barcos tratando de orientarse a través de las tinieblas. Gritos en medio de la desesperación -¡hemos chocado contra algo, vamos a naufragar! ¿Qué harías en ese momento en que tu vida depende sólo de un milagro? ¿A quién desearías tener a tu lado? ¿Qué fue del faro que te llevaba a puerto seguro?

Nosotros los cristianos somos llamados por Dios en su palabra “Luz del mundo”: “Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.” (Mateo 5.14) Sí, el mundo es como un barco a la deriva buscando algo que los guíe a un puerto seguro. Nosotros somos el faro que permitirá que esas vidas desorientadas encuentren el camino hacia salvación y la vida eterna. Nosotros somos la iglesia de Cristo aquí en la tierra. Nuestra luz da esperanza y debe reflejar, de forma nítida, la imagen del Dios vivo.

 

En el libro de los Hechos encontramos una descripción clara de lo que debe ser la iglesia, a esta iglesia la podemos definir como Iglesia Teórica y es realmente la iglesia que Cristo concibió, la iglesia perfecta. Sin embargo, cuando contemplamos la Iglesia Empírica, creada por los hombres con todos nuestros errores, sentimos añoranza por las sendas antiguas y desearíamos volver a compartir el pan cada día en los templos con alegría y sencillez de corazón. (Hechos 2.46)

Siempre que conozco a un hermano de sangre, pues nos une la sangre de Cristo, y me pregunta ¿de qué denominación tú eres? Les digo, mis hermanos, me molesta en grado superlativo y siento dolor de ver cómo hemos despedazado el cuerpo de nuestro Señor, lo hemos aserrado con nuestras vanidades en un inútil intento de tener de nuestro lado una verdad que ni siquiera estamos seguros de que lo sea. La verdad es Él y eso es lo que nos imprime luz (1 Corintios 10-17).

 

Nuestras divisiones sólo hacen que las tinieblas tomen terreno. La oscuridad espiritual hoy ocupa la mayoría del espacio que debemos alumbrar y es porque los circuitos se han desconectado. Cristo mismo dijo: “Si un reino está dividido contra sí mismo, tal reino no puede permanecer y si una casa está dividida contra sí misma, tal casa no puede permanecer.” Mar 3.24

Hay apagón en el faro. Estamos perdiendo el rumbo.


Nadie dijo jamás que la iglesia estaba contenida entre paredes de un templo, la iglesia tiene que salir al mundo a arrebatar vidas para que no se pierdan. La iglesia es de Cristo, somos el faro que guía el mundo hacia Él, pero para eso debemos estar unidos, ¡Un solo cuerpo! Retomemos el mandato de la Gran Comisión. Hagamos un balance de nuestras actitudes y confrontémonos, clamemos a Dios por los montes a conquistar y depositémoslos a sus pies.

 

 

 

Ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, sino sobre

el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa.

Mateo 5:15

 

 Envía Tu luz y Tu verdad; que ellas me guíen, que me lleven

a Tu santo monte y a Tus moradas.

Salmos 43:3